Los versos en El sastre de las mariposas son como aves en vuelo, cuya belleza se eleva sutilmente hasta alcanzar la cúspide. A lo largo largo de todo el libro se despliegan diversos juegos metafóricos alusivos al amor, la naturaleza, la identidad, el tiempo, la memoria, la ausencia y muy poderosamente todo lo que circunda al sujeto que escribe, Andrés es el poeta y también el objeto de la poesía, juega a descubrirse como quien se mira desde la otredad.
«Solo entiendo que en la ceniza/y la piromanía de mis palabras/soy la única persona que se acordará de mí». No desde la superficie sino enteramente, yo diría – te conozco sé que eres tú– en el poema, asomándote por las ventanas que tú mismo construyes y eternizas: «deambulo por heridas derrotadas en mis dedos/ no soy más que mi propio dios/ y he olvidado las plegarias que hice cuando estuve cautivo/ sobre el aire arrugado».
Andrés le escribe al amor con una sensación agridulce porque la poesía te abraza el dolor y te abre las heridas, te recuerda la belleza de vivirlo con la sensación de algo que se quiebra y de qué manera estamos dispuestos a tolerar el quebranto «Pero sigo arrimado en la soledad/ por si regresas mañana/ por si quiero olvidarte de nuevo».
El libro está dividido:
Hilos de carne, agujas de miel
espiráculo de la ceda
Algunas mujeres que soy
El silencio y yo
Epílogo: Hijos de la catástrofe
Un poemario enriquecido con creatividad y belleza, que posiciona a Andrés dentro de las voces jovenes del caribe y especialmente de República Dominicana.
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